Por el accidentado sendero de la comunicación productiva en México

Por Octavio Islas, Fernando Gutiérrez y Norma Campo Garrido

En la primera parte de nuestro texto realizamos una escueta revisión historiográfica sobre el desarrollo de la licenciatura en ciencias de la comunicación en México, la cual nos permitió identificar algunas de las principales dificultades que han enfrentado las escuelas y universidades que imparten la licenciatura en periodismo, la licenciatura en ciencias de la comunicación, carreras afines y programas de posgrado.

En no pocos países de América Latina, las escuelas y universidades en las cuales se imparten esas licenciaturas han enfrentado similares adversidades. A pesar de los incuestionables esfuerzos que han realizado destacados académicos e investigadores de la comunicación, todavía suele objetarse el estatuto científico y profesional de las ciencias de la comunicación, y consecuentemente los egresados de la licenciatura en ciencias de la comunicación y de carreras afines enfrentan un sin número de dificultades para lograr incorporarse a un mercado profesional que suele recelar de sus conocimientos, competencias y habilidades.

En la segunda parte de nuestro ensayo referimos cuál es el grado de desarrollo que han alcanzado en México las relaciones públicas, la comunicación organizacional, el cabildeo, la imagen pública y las relaciones públicas digitales. La academia mexicana de comunicación históricamente ha manifestado un insensible menosprecio por las relaciones públicas y la comunicación organizacional, considerándolas asuntos secundarios y periféricos en la reflexión comunicológica.

Deseamos que el diagnóstico que hemos emprendido sobre el accidentado devenir de la comunicación «productiva» en México, pudiese reportar útil información a aquellos académicos e investigadores españoles que se muestren interesados por analizar las rutas que han observado en su desarrollo las disciplinas asociadas al ejercicio profesional de las comunicaciones institucionales en otras latitudes. Seguramente descubriremos que en no pocas ocasiones hemos «tropezado con las mismas piedras en el camino», y que quizá por tal razón silenciosamente hemos compartido muchas preocupaciones que en realidad nos resultan comunes. Tal familiaridad sin duda alguna fincará las bases de un diálogo fecundo y propositivo, permitiéndonos trascender nuestras limitaciones y distancias.