Diferencias. Educar para la ciudadanía plural

Por Carlos Colina

La formación ciudadana debe inculcar el conocimiento de que la unidad de la condición humana contiene la multiplicidad y que la diversidad contiene esa misma unidad. La ciudadanía establece la pertenencia a una comunidad con un estatus de dignidad e igualdad de derechos civiles, políticos, sociales y culturales. La democracia moderna no es posible sin el respeto a las diferencias y esta actitud no se construye si no se fomenta desde la escuela, los mass media y las TIC, que vehiculan, de manera cada vez más preeminente, procesos educativos no formales o informales. La democracia es sinónimo de pluralismo y se profundiza en el respeto de todas sus minorías: sexuales, étnicas, religiosas, culturales e ideológicas. La noción de ciudadanía cultural requiere la armonización de las identidades individuales y colectivas; locales y globales. Es una ciudadanía plural que contiene múltiples niveles y dimensiones. Las luchas democráticas por el reconocimiento y la visibilidad de los movimientos sociales tienen amplias posibilidades pero también límites evidentes. En este artículo se revisan las distintas perspectivas en torno a la compleja y cambiante relación entre los medios y la comunicación política. Se rescata una noción de esfera pública cultural que supera los límites racionalistas del concepto habermasiano. Las mediaciones tecnológicas son, en gran parte, vehículo y soporte de los nuevos tipos de ciudadanía en las redes culturales públicas. En consonancia con la transfiguración fáctica del homo sapiens y del surgimiento de la identificación cyborg se plantea el posthumanismo de la identidad/alteridad que respeta simultáneamente los derechos del otro (colectivos) y los derechos del sí (individuales). Se trata de reivindicar, siguiendo a Levinas, una diferencia no-indiferente. La emergencia irreversible del tecnocuerpo exige una biotecnoética.

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