Ciudadanía, Comunicación y Ciberdemocracia

Un enfoque sociocrítico del Capitalismo Cognitivo
Por  Francisco SIERRA CABALLERO

Pensar en nuestro tiempo la comunicación y el desarrollo normativo de la democracia, desde el punto de vista de la ciudadanía, es imposible como tarea al margen de los procesos de reestructuración y transformación del nuevo espíritu del capitalismo. Si bien podemos hablar de apropiación social de las nuevas tecnologías o de socialización de los nuevos medios y mediaciones culturales en la era digital, tales procesos tienen lugar a partir de las contradictorias y conflictivas sobredeterminaciones de los procesos de subsunción de la sociedad entera por la lógica del capital. Este es el marco que orienta y da sentido a la lucha por la ciudadanía frente a las actuales asimetrías y desigualdades constituyentes del campo cultural. No podemos proponernos definir los retos democráticos del desarrollo de los medios y sistemas de información digital sin ser conscientes de las lógicas sociales que recorren y determinan tales procesos, salvo que repitamos la historia como farsa, tal y como sucediera con el desarrollo de la Comunicación Educativa y la expansión de la industria de satélites en los años sesenta al calor del paradigma dominante de difusión de innovaciones.

Desde finales de la década de los setenta, la noción de desarrollo cultural ha vinculado el campo de la comunicación al problema complejo y recurrente de las necesidades sociales en ámbitos tan dispares como la economía, la política o la educación, integrando la creatividad y las identidades plurales en la dinámica constituyente del modelo de reproducción modernizadora bajo el auspicio fundamentalmente de las Naciones Unidas (ONU). Los programas de organismos como la FAO o la OMS han procurado desde entonces pensar la comunicación en sus programas sectoriales y las políticas de cooperación internacional, en virtud de un denominador común: la visión instrumental de los medios y recursos informativos como fuente de progreso y dispositivo servomotor del crecimiento y bienestar económico. Así, si bien las Naciones Unidas validaron en la agenda pública internacional un enfoque integrador de la comunicación como marco de configuración del desarrollo, las políticas de promoción de la cultura y la educación quedaron desplazadas a un segundo plano ante el empuje privatizador de las industrias culturales. La participación pública, la creatividad social de la población y el intercambio y la cooperación multilateral entre países, lejos de garantizar la diversidad ecológica del sistema mediático en los países del Sur, resultaron, como consecuencia, coartadas para legitimar un proceso, calificado por otra parte como imparable, en función del modelo capitalista de desarrollo económico liberal, que hoy llega a resultar cuando menos alarmante incluso para la propia UNESCO, a la luz del diagnóstico de la situación crítica de dependencia de las “culturas periféricas” en el mercado global de la comunicación.

La amplia e intensiva mercantilización de la cultura ha llegado al extremo incluso de cuestionar la función pública de las políticas nacionales de comunicación a nivel conculcando los derechos colectivos del patrimonio histórico, el acceso público a los medios y hasta la libertad de consumo cultural. La constatación pública de esta crítica situación ha alentado en respuesta los debates entre creadores, representantes públicos y agentes culturales en citas como Interacció 04 y el Foro de las Culturas y hoy se comienza a tratar de procurar definir una nueva agenda internacional en materia de políticas culturales frente a los desequilibrios que horadan las brechas de desigualdad como resultado de las lógicas oligopolistas que amenazan las formas locales y diferenciadas de expresión y cultura popular.

Desde la Conferencia Intergubernamental sobre Políticas Culturales para el Desarrollo celebrada en Estocolmo (1998), el máximo organismo de las Naciones Unidas en materia de comunicación ha expresado su preocupación por los límites a la diversidad cultural. La propia Declaración Universal de la UNESCO en dicha materia (Noviembre, 2001) confirma la persistente amenaza que hoy se cierne sobre los ecosistemas culturales de las minorías y culturas dependientes ante el arrollador empuje de la hegemonía angloamericana, de acuerdo a la lógica económico-política que actualmente liquida la compleja biodiversidad cultural suprimiendo los fundamentos vitales de la ecología social y política y que, lo que es más importante aún, termina por cercar las libertades públicas de la población.. El presente texto esboza a este respecto brevemente algunos de los puntos clave del problema de la comunicación, la ciberdemocracia y la ciudadanía, considerando desde una visión crítica el papel de las políticas públicas, en un tiempo y en una dinámica social marcados por la emergencia y dominio de lo que algunos autores han convenido denominar Capitalismo Cognitivo.

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