Alternativas en los medios de comunicación digitales. Televisión, radio, prensa, revistas culturales y calidad democrática

De BUSTAMANTE, Enrique (2008). Barcelona: Editorial Gedisa
Por Juan Antonio Cañero Crespo

El futuro de la comunicación en el universo digital y su capacidad de contribuir a la democracia está en manos de la Administración pública. El éxito o el fracaso de este proyecto dependen esencialmente de las políticas y estrategias a seguir que los gobiernos diseñen para ello. Estas son las dos ideas esenciales que se desprenden de Alternativas en los medios de comunicación una obra coordinada por Enrique Bustamante y en la que participan otros autores como Rosa Franquet, María Trinidad García Leiva, Xosé López García y Xosé Pereira Fariña. El libro se divide en cuatro capítulos en los que se desgranan los entresijos de la televisión, la radio, la prensa y las revistas culturales, o más bien, el camino trazado por los diferentes actores desde la antigua tecnología analógica hasta el modelo digital del presente.
Que la obra sea todavía útil después de estos años es posible gracias a los meticulosos análisis de la situación de los medios digital que contiene. Alternativas en los medios de comunicación digitales no es un repaso superficial por el panorama comunicacional español sino un buceo por las condiciones políticas y económicas de los medios y un ejercicio de comparación constante con el resto de países de la Unión Europea, EEUU y América del Sur. La profundidad del estudio permite a los autores no solo denunciar las malas prácticas o alabar las correctas, sino proponer las medidas que consideran oportunas para que los medios de comunicación sean un espacio de calidad democrática, plural y participativa, un espacio que en la actual situación del sector está condenado a la extinción.

En el primer capítulo del libro Enrique Bustamante estudia las estrategias que los poderes marcaron para que la televisión analógica se convirtiera en la esperada Televisión Digital Terrestre. Bustamante denuncia como el mensaje de la UE de que la TDT sería la puerta a la Sociedad de la Información (SI) era solo propaganda ya que después de prometer hace años mayor calidad, pluralidad y la implantación de servicios interactivos en la televisión, todavía hoy seguimos con unas posibilidades similares a las analógicas. Según Bustamante la causa de esta situación es el escaso liderazgo de una televisión pública con pretensiones democratizadoras y la falta de una institución pública e independiente que vele por una competencia sana en el sector.
En el estudio del Catedrático de la Complutense se divide la TDT en varios modelos según la orientación que se hace de esta tecnología. Entre ellos se encuentra la mencionada concepción de la televisión digital como catalizador de la SI y otros modelos orientados al negocio, como el que predomina en la actualidad. Aunque la vertiente democratizadora de la transición digital no se ha aplicado en televisión, en gran medida por la falta de interés de las empresas privadas, las políticas que permitían aumentar el beneficio de estas corporaciones se han establecido sin problemas. La digitalización ha hecho posible que con el mismo coste las frecuencias se multipliquen por tres, una situación que contribuiría a la pluralidad informativa si no fuera porque los nuevos canales se otorgaron a las mismas cadenas que dominaban en el analógico. En lugar de crear unos espacios y contenidos innovadores como marcaba la norma, los nuevos canales se rellenan con programas y series que las cadenas guardaban en sus archivos. Mientras tanto, la televisión local asociativa y sin ánimo de lucro, el soporte que podría recoger de forma directa las inquietudes de la ciudadanía y el tercer sector seguía siendo discriminada.

La historia de la transición a la radio digital, según explica Rosa Franquet, es también otra disputa entre las fuerzas del sector público, preocupadas por agilizar la digitalización, y las grandes emisoras, mucho más reacias a dejar el gran espacio que ya dominaban. Franquet denuncia cómo la concentración de la propiedad de las radios, de la audiencia y de los recursos publicitarios ha prefigurado un oligopolio que expulsa a las iniciativas más débiles del dial, y por tanto, mina la pluralidad informativa. La concentración no solo supone perder diversidad en las voces sino que sirvió para hacer una constante zancadilla al proceso de digitalización, ya que los grandes grupos mediáticos tenían un considerable público analógico que no querían poner en riesgo.
La catedrática de la UAB hace un recorrido por la lucha que las radios libres que surgieron durante la Transición tuvieron que librar contra las radios comerciales sin licencia para poder seguir emitiendo. Rosa Franquet considera que la radio es el instrumento perfecto para que se expresen los colectivos minoritarios, por su capacidad integradora, porque favorecen el diálogo y porque generan relaciones humanas que van más allá del mensaje. Para asegurar la existencia del modelo local y sin ánimo de lucro y facilitar su apertura entre los grandes medios, esta autora propone crear una Ley general del audiovisual, no permitir nuevas emisoras en FM y garantizar la pluralidad y el equilibrio público/privado.

En el tercer capítulo, Xosé López y Xosé Pereira critican como en una época de crisis de la prensa digital y de los periódicos en general, los medios no buscan una reestructuración radical que ofrezca nuevas estrategias y unos productos remodelados. En lugar de ello, advierten cómo las editoras se han centrado en poner en marcha medidas puntuales (promociones, precios, suplementos…) mientras que olvidan la regeneración de contenidos, teniendo solo en cuenta el diseño. Al igual que el resto de autores, López y Pereira aseguran que el apoyo público es el motor que tendría que poner en marcha esta remodelación estructural. Para ello piden que el sector público genere regulaciones y ordenaciones, además de establecer un mecanismo transparente de ayudas. Todo ello debería de ser canalizado principalmente por unos medios locales y alternativos que generen un discurso diferente al de las grandes corporaciones que dominan el sector.

Por su parte, las revistas culturales acogen la llegada de Internet con las mismas esperanzas que temores. María Trinidad García Leiva apunta a las posibilidades de difusión a través de la red como una de las grandes soluciones a los problemas estructurales de las revistas culturales mientras que en su análisis también recoge el temor de las editoras de que el salto digital ponga en peligro su viabilidad económica y la desaparición de su edición en papel.
En lo que respecta a la distribución, las revistas culturales españolas se encuentran con el problema de no tener una estructura de distribución propia por lo que necesitan contratar una externa. Esta situación provoca un aumento de gastos que se ve agravado por las dificultades de comercialización como la dificultad para conseguir nuevos suscriptores, la nula presencia en grandes superficies o la poca visibilidad en los puntos de venta. En este escenario Internet se presenta como un medio que permite ahorrar el coste de la distribución así como ampliar el mercado de las revistas a través de la desintermediación (los medios de comunicación, editores y difusores se convierten en prescindibles) y la desmaterialización (reducción de costes de distribución y disminuye las dificultades de difusión). La Web también posibilita la búsqueda de información dentro del  número y la conservación de ejemplares en un archivo.
Por su parte las editoras acogen el cambio digital con el temor de un nuevo horizonte que se abre y que trae consigo riesgos como la vulnerabilidad de la propiedad intelectual. García Leiva explica las alternativas posibles al respecto y distingue tres modelos de acceso a las revistas: uno totalmente gratis (publicaciones públicas), otro de pago (privadas) y uno mixto en el que se paga por acceder a la información del año en curso mientras que la consulta del archivo es gratis. Para que el primer modelo sea viable, la profesora apuesta por unas ayudas del Ministerio de Cultura que sean regulares en el tiempo y que permitan velar por la estabilidad financiera de las revistas y no dificultar su llegada a las bibliotecas y centros públicos, lo que facilitarían su lectura. García Leiva asegura que el número de lectores que siguen las revistas justifica las ayudas públicas a un sector que se ha convertido en un nuevo cauce de expresión y pluralismo y que ha contribuido al desarrollo de muchas PYMES.