No se genera desarrollo simplemente transfiriendo tecnología

En marco del eje ¨La construcción del campo comunicacional: ciencias sociales, tecnologías y diálogos interdisciplinarios¨ del Congreso de Investigadores en Comunicación ALAIC 2012, entrevistamos al investigador español Francisco Sierra Caballero, doctor en Ciencias de la Información. Habló de los efectos de la inclusión de las nuevas tecnologías, de cómo lograr que la instantaneidad de internet no nos desborde y deje lugar al análisis critico, y manifestó cuales deberían ser los puntos de debate entorno a la actualidad de la comunicación.

¿Cual es el camino para que la instantaneidad de los medios no abrume el análisis y la consciencia critica?

Necesitamos plantear una suerte de ecología que es un reto de la comunicación  educativa. El enseñar a marcar distancia de los mensajes, saber gestionar los tiempos de consumo de internet, telefonía móvil, tablets y otros dispositivos para hacer un consumo inteligente y crítico de la tecnología. Uno de los efectos de la sobresaturación de mensajes, íconos y elementos tecnológicos es que los individuos no tienen la capacidad de procesar tal cantidad de información. Cuando el individuo esta tan abrumado por la tecnología difícilmente pueda tener una visión de conjunto. Creo  que en algún momento debemos parar para ver los procesos de cambio, evaluar la cantidad de información y como está afectando nuestros tiempos, nuestra vida cotidiana y así tomar consciencia de esa aceleración de la experiencia espacio-temporal porque nos hace perder la identidad. Necesitamos marcar distancia y regular los ritmos, la temporalidad y la espacialidad, cada vez más importantes para un pensamiento critico de comunicación. Se debe trabajar más en comunicación y en enseñanza de consumo critico de los medios. Según datos recientes se está alterando el bioritmo de las personas, los sueños, la alimentación, los tiempos de trabajo y hasta la reproducción social. Sin una capacidad crítica es difícil que podamos gobernar los cambios culturales y tecnológicos que estamos viviendo.

¿El comunicador actual está preparado para afrontar estos cambios?

El cambio tecnológico es muy acelerado y el pensamiento siempre va por detrás en todas las disciplinas.  En comunicación el proceso de trasformación es tan intenso que no estamos atendiendo a estas respuestas y ese es un reto de la agenda que hay que repensar. Un ejemplo es que la ecología de la comunicación y la comunicación educativa no son un eje central en los currículum y en la formación de grado y posgrado de nuestras facultades, lo cual es un indicativo de que no estamos tratando de dar prioridad a estos temas estratégicos.

En la ponencia afirmó que las nuevas tecnologías no estaban orientadas al desarrollo, ¿en qué sustenta esta afirmación?

La tecnología libera y como todo proceso de cambio es contradictorio. Hay elementos de control y de hegemonía. Las tecnologías se producen en el norte y se consumen en el sur y esto habla de concentración de poder y conocimiento y de dominación cultural. Las tecnologías no son neutrales, son portadoras de cultura. Necesitamos crear nuestras propias herramientas. Por ejemplo, uno de los aspectos positivos del Plan Ceibal es justamente intentar construir. La cuestión no es tecnología si o tecnología no, no es apocalípticos o integrados, el debate debería ser cómo nos apropiamos de ella y qué desarrollos podemos implementar y esto pasa por políticas públicas activas de apropiación comunitaria, de construcción colectiva de conocimiento, de defensa de software libre y de normas comunes de patrimonio. Hoy se está implementando la tecnología como solución, lo que me recuerda a un debate de los 80 cuando se dio la crisis económica en Europa y todas las empresas pensaban que la solución era la comunicación, hoy la comunicación se ha reducido a tecnología y resolvemos todo con tecnología y esto no es así, el problema es el cómo y el para qué. Se ha demostrando que no se genera desarrollo simplemente transfiriendo tecnología sino que hay que articular políticas activas y procesos de empoderamiento local.

¿Qué opina de la digitalización de los medios y el desplazamiento de lo analógico?

Creo que no van a desaparecer las antiguas modalidades sino que vamos a observar una integración de soportes y canales. La preocupación no es el soporte o canal, o si se sustituye el papel por lo digital, sino los lenguajes y las narrativas que están cambiando. No se puede predecir que en el año 2040 va a desaparecer el papel,  por ejemplo, en fotografía se sigue trabajando con analógico y blanco y negro y no solo con color y formatos digitales. Cada lenguaje, soporte y canal tiene su función y no van a desaparecer. El debate es qué tipo de integración se está dando. Un ejemplo es el de los jóvenes que actualmente están consumiendo otros formatos visuales y sonoros a través de la red como el cine y la musica, pero el tema de textualidades u otro tipo de narrativas como el libro electrónico se consumen menos. Este tipo de usos habría que explorarlos, ver cómo se están produciendo y corregir los desequilibrios. En la profesión periodística hay un rechazo a lo digital porque se considera que rompe la rutina, la estructura y la propia lógica periodística de acceso a las fuentes, pero no tiene porque ser así, hay grandes escritores que están haciendo su blog y elaboran crónicas que van enriqueciendo mediante el dialogo con sus lectores de internet. Hay que procurar que los desajustes culturales no sean tan improductivos y actualizar las posibilidades que tienen la tecnologías.

¿Es peligroso el determinismo tecnológico que se está manifestando actualmente?

Claramente,  considero que los gobiernos tienen la responsabilidad. Por ejemplo, en España se está privatizando la educación y se le ocurrió a los responsables políticos modernizar la escuela simplemente transfiriendo la pizarra electrónica, todas las aulas están conectadas con esa pizarra, pero hay precariedad del sistema con falta de profesorado y de recursos para la innovación y la motivación de los agentes educativos. Esa es una forma de determinismo tecnológico que demuestra que los gobiernos están desarrollando una suerte mítico fetichista de que la tecnología va a resolver los problemas y puede resolverlos, pero sí implican una dimensión potencial: usos, políticas, formas de implementación y formas de apropiación. Los profesores se resisten a la tecnología porque ha sido dada impuesta como una ley, como un proceso natural que no es posible discutir. Este es el reto frente al determinismo impuesto.

¿Qué  opina respecto al fenómeno de las redes sociales como facebook?

Lo que está surgiendo es un nuevo sujeto y un tipo de relación social más fluida y débil que los sociólogos llaman identidades frágiles. Es una identidad mucho más laxa en el sentido de construcción de identidad nacional. Esto tiene un aspecto positivo propio de la modernidad que es la apertura al cambio de patrones culturales, identidades y criterios, pero nos hace perder nuestras formas comunitarias. Está cambiando la forma de participación, de cultura deliberativa, de interacción social e incluso del propio concepto de intimidad y de auto-imagen que tiene la gente a través de las redes. En las últimas décadas el abaratamiento y la socialización de las nuevas tecnologías cambiaron el modo de observarnos. Recuerdo que en los años 80 se hicieron textos con el videoteléfono y luego estudios en Canadá de cómo la instalación de la telefonía con imágenes cambió la vida cotidiana de la gente en como se vestía, movía y se comportaba en su ámbito doméstico. Las redes sociales están alterando nuestra vida cotidiana elemental y nuestra forma de relación social de forma radical, pero igual no lo pondría como un aspecto negativo. Algunos no somos partidarios de estar en facebook por una cuestión de autonomía, sino que preferimos tener tiempo autónomo para compartirlo en cualquier ámbito público o comunitario. Lo preocupante es que eso en parte se pierde, pero el discurso de que los jóvenes están en las redes y tienen procesos de adicción es falso. La nueva cultura juvenil utiliza las redes para auto-organizarse y buscar espacios públicos de encuentro y reunión, son una herramienta para auto reconocerse y para construir su identidad.