La libertad en la Sociedad Internet

Por Sergio Octavio Contreras

Las Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) que tienen como columna vertebral a Internet, permiten un gran margen de intercambio entre los usuarios que nunca antes se había registrado en la historia de la comunicación humana. En la última década futurólogos, sociólogos y teóricos de la comunicación relacionan las formas digitales de interacción con el valor de la libertad. Pero dicho margen parece tener límites para algunos gobiernos como el norteamericano que promueve normas como la Ley SOPA con el fin de proteger intereses distintos a la libertad.

El origen de la red como tal, debemos enmarcarlo dentro de la “cultura hacker” (Himanen, 2002): información y conocimiento compartido por especialistas para desarrollar mejoras a las invenciones. Desde el Valle del Silicón hasta los laboratorios universitarios, el conocimiento abierto fue la semilla que permitió el nacimiento de Internet y sus innovaciones. Por este motivo el principio de libertad que engendró la red se instala dentro del sistema valorativo de las nuevas generaciones: no se concibe la red controlada, subordinada a alguien.

El espíritu de libertad de la red pasó del pensamiento a la acción. Como ejemplo podemos encontrar movimientos civiles encabezados por nativos y migrantes digitales contra todo tipo de sistemas establecidos, desde regímenes autoritarios (como ocurrió desde finales de 2010 en Medio Oriente) hasta asuntos inmorales (como el “linchamiento” virtual a políticos, comediantes, deportistas o artistas que han infringido reglas sociales).

Las revueltas en Medio Oriente que terminaron durante 2011 con sistemas políticos en Egipto, Libia y Túnez; las protestas contra asuntos locales, regionales o globales en países europeos como España, Inglaterra, Francia, Alemania o Portugal; o las manifestaciones civiles en varias ciudades de Estados Unidos bajo signos de cultura red en Twitter como #OWS #Occupy, #Indignados o #Democraciarealya, han surgido de un campo valorativo vinculados a la libertad. Incluso algunas esferas políticas consideraron la caída de gobiernos totalitarios como un avance hacia las libertades civiles.

Pero no todo en la red puede ser libre, existen límites claros que han sido establecidos por el mismo sistema político a través de la representatividad democrática o bien, por el poder económico. Desde finales de la década de los noventa del siglo XX algunos Estados adoptaron medidas para combatir la criminalidad en la red, como es el robo de dinero o la distribución de pornografía infantil, pero después de los ataques contra las Torres Gemelas en 2001, los gobiernos crearon mecanismos de búsqueda para encontrar a “terroristas” y todo tipo de amenazas virtuales.

En los últimos meses, nuevas medidas como la llamada Ley SOPA (Stop Online Piracy Act), también conocida en Estados Unidos como La iniciativa H.R.3261 o la célebre Ley SINDE que promovió el gobierno español de José Luis Rodríguez Zapatero, establecen mecanismos coercitivos para frenar el tráfico de información, documentos, archivos y todo tipo de datos que sean “propiedad” de alguien, o en otras palabras, que estén registrados como propiedad privada en el sistema económico.

Libertad sin libertad

Considero que para comprender la libertad dentro de la red, se debe delimitar el panorama de los conceptos que nos acerquen a una realidad más concreta. Este es un tema del cual la filosofía no se ha puesto de acuerdo: existen más de 200 definiciones sobre lo que es libertad. Una pista de lo que ocurre actualmente podría seguir el vínculo entre la libertad que ofrece la tecnología y la libertad que otorga el sistema político o democrático con limitantes.

En el Estado capitalista actual, la mayoría de los países funcionan dentro de un sistema liberal que comprende dos esferas: la social y la individual. Dentro de la esfera social el liberalismo incluye una serie de pensamientos que en su momento Tocqueville, Stuart Mill o Montesquieu abordaron a partir de diversos principios democráticos. Los temas liberales abarcan aspectos sobre la libertad de expresión, la libertad económica, la libertad de propiedad o la libertad de culto religioso, entre otros.

Dentro de la teoría política, el sistema liberal otorga determinados valores a la sociedad, como son la justicia, la seguridad o la privacidad, pero también la libertad política y de participación democrática en las decisiones que beneficien a la mayoría. Para diferenciar la libertad en la concepción del mundo liberal actual, considero que los términos que construyó Isaiah Berlin pueden darnos un poco de luz para hacer diferenciaciones en la Sociedad de la Información y el Conocimiento. Para Berlin existen dos tipos de libertad: la libertad positiva y la negativa.1 La primera se refiere a la capacidad del individuo de ejercer su voluntad no tanto porque pueda ejercerla, sino porque existen las condiciones para que lo sea.

La concepción de libertad está muy vinculada al racionalismo de Immanuel Kant en el sentido de que para ser libre el hombre necesita dominar su parte irracional. Bajo esta premisa kantiana la libertad debe ejercerse con razón para trascender la naturaleza donde existen dos imperativos, el hipotético donde la persona se plantea un fin pero para lograrlo debe de recorrer una ruta y el categórico o universal, donde existe la obligación para “todos” de cumplir determinado principio y también una autonomía a través de una ley impuesta a los sujetos. Para Kant el individuo se rige por lo hipotético (o bien, el deseo personal) mientras que el sujeto se rige por lo universal.2 Ante tales premisas la libertad operaría bajo un sistema natural (o de instintos) y moral (determinada por el sujeto y el sistema legal).

A partir del kantismo, Hegel definió la libertad como la “trascendencia” de una etapa de alineación al trabajo intelectual sobre el mundo, dialéctica que retoma Carlos Marx para considerar a la libertad no como un estado del pensamiento, sino como la acción de las personas a través de la movilización y la presión social para obtenerla.

Respecto a la libertad negativa, Thomas Hobbes la define como aquella donde el hombre es libre y no existen obstáculos que interfieran en su voluntad. Sin embargo, Berlin argumenta que aunque existan las condiciones para que el sujeto sea libre, puede que no tenga autocontrol ni voluntad para ejercer la razón, lo cual lo llevará a un campo de dominado3: el paternalismo (se carece de decisión para elegir alguna alternativa); autocontrol social (el ciudadano sensato se somete por voluntad a las leyes sociales cuando su autocontrol no es suficiente) y la servidumbre (mediante el control el Estado otorga la libertad al individuo que es incapaz del autocontrol, de ser sensato y de carecer de una visión de futuro).

La falta de autocontrol nos lleva a un escenario planteado por Sigmund Freud4: el “yo” controla al sujeto, le ordena y se siente seguro de sus mandatos, existe entonces una voluntad de la razón sobre el cuerpo, pero no ocurre así cuando se presenta una ofensa psicológica, en el campo de la neurosis el “yo” no es dueño de si mismo pues vive sometido a sus emociones.

Otros pensadores de la línea liberal como Robert Nozick, han retomado el concepto hobbsiano de libertad negativa para establecer que es necesario que exista un Estado pero cuya intervención debe ser mínima, pues su función sobre la comunidad es garantizar la libertad del individuo y el respeto de la propiedad privada.

Dentro de la concepción del Estado libre, la democracia brinda a los ciudadanos la posibilidad de ser libres y participar en las decisiones que al ser aprobadas y convertidas en normas regularán las conductas de las mayorías. En esta libertad democrática Berlin consideró que las decisiones de la mayoría no siempre son las correctas y pueden llegar a amenazar la libertad. Por tal motivo en un Estado libre el individuo es libre de expresar sus ó piniones políticas, asistir a reuniones colectivas o participar en cultos religiosos. El sistema político debe otorgar a los ciudadanos el poder de ejercicio político para el propio control del Estado.

Aunque el sujeto goce de libertad el Estado puede establecer límites a tales valores, como lo ejemplifica claramente John Stuart Mill en el caso del principio del perjuicio conocido como “harm principle”: cada individuo tiene el derecho de actuar de acuerdo a su propia voluntad en tanto que tales acciones no perjudiquen o dañen a otras personas.

El liberalismo económico y el mismo Estado capitalista generaron en parte el nacimiento de la actual Sociedad de la Información, donde el código abierto (open source), los programas libres (free software) y el intercambio sin lucro de las invenciones (open knowledge, Open content) permitió la construcción de Internet. Dentro del movimiento de la cultura libre (free culture) de la red se pueden citar las aportaciones de Richard Stallman, Linus Torvalds, Bruce Perens y Eric S. Raymond, entre otros.

Aquí existe una clara contradicción del mismo aparato político-económico: por un lado la propia libertad que genera el sistema creó las condiciones para el desarrollo tecnológico que a su vez permitió el nacimiento de la Sociedad de la Información y por otro lado, el Estado y el poder económico pretenden controlar el uso tecnológico, es decir, la cultura libre que gestó Internet debe ser libre pero bajo ciertas condiciones.

Determinismo y neutralidad

Dentro de la teoría de la Sociedad de la Información, es importante establecer conceptos básicos que nos permitan orientar la discusión de la libertad hacia el terreno tecnológico. En primer lugar, el término determinismo tecnológico ha sido ampliamente discutido a lo largo de la historia de la economía como ciencia, define por lo general que la tecnología es la que determina el desarrollo de una sociedad, orienta su evolución.

El propio Marx al explicar los cambios sociales de la Revolución Industrial abordó el determinismo tecnológico en su célebre texto El Manifiesto Comunista, donde consideró que la técnica determina el tipo de sociedad. Así, la tecnología para la producción es un elemento sobre el cual se basa la economía industrial, que determina a su vez las superestructuras ideológicas (forma de pensar) y políticas (clases sociales):

“El continuo trastrocamiento de la producción, la conmoción ininterrumpida de todas las situaciones sociales, la eterna inseguridad y movilidad distingue la época burguesa del resto de épocas. Todas las relaciones firmes y enmohecidas, con su secuela de ideas y conceptos venerados desde antiguo, se disuelven, y todos los de formación reciente envejecen antes de poder osificarse”.5

Contra el determinismo tecnológico, algunos teóricos (Shallis 1984, Ellul 1990) rechazan la postura de que la técnica determina a la sociedad, pues dicho determinismo estaría subordinado al uso que hagan los individuos de las técnicas. Esta corriente de pensadores establece que la tecnología es “neutral” y su determinismo es dado por el usuario, no por la simple instalación de la tecnología dentro de un sistema social.

Por otro lado, otros teóricos como MacKenzie, Wajcman, Ihde o Mowshowitz han sostenido que la neutralidad de la tecnología es imposible, dado que la misma tecnología es utilizada con determinados fines, tanto en su concepción como en el plano instrumental. Langdon Winner, en su reconocido ensayo “¿Tienen política los artefactos?”, demuestra con ejemplos empíricos que la tecnología no puede ser neutral al ser utilizada por los seres humanos que tienen en su interior determinada cargas ideológicas6:

“Todos sabemos que los entes políticos son las personas, no las cosas. Descubrir virtudes o vicios en las aleaciones de acero, los plásticos, los transistores, los circuitos integrados o los compuestos químicos parece una absoluta y total equivocación, un modo de mistificar los artificios humanos y de evitar plantar cara a las auténticas fuentes, las fuentes humanas de la libertad y la opresión, la justicia y la injusticia. Echar la culpa al hardware parece incluso más estúpido que culpar a las víctimas cuando se juzgan las condiciones de la vida pública”.

Neil Postman, uno de los más reconocidos alumnos de Marshall McLuhan, en su obra Tecnópolis de 1983, retoma algunos postulados neomarxistas (principalmente de Althusser y Gramsci) para trasladar el concepto de los aparatos ideológicos del Estado al campo de la tecnología. Para Postman atrás de todo desarrollo técnico se encuentra un predeterminismo movido por las ideologías dominantes.7

Si los artefactos pueden ser construidos a partir de determinada ideología o prejuicio humano, no pueden ser neutrales y su predeterminismo puede estar sujeto a intereses políticos o al uso que haga cada individuo de las herramientas que tiene a su disposición. En la Sociedad Red el cambio tecnológico determinó un nuevo rumbo en la construcción de la cultura humana, pero la libertad del conocimiento en red, permitió que especialistas con determinados fines participaran en la creación de artefactos, puestos a disposición de los usuarios de la aldea global.

Contrario a la cultura de la libertad generada por las nuevas tecnologías que hoy en día utilizamos, se contraponen dos conceptos construidos por el sistema económico y político: el de “propiedad intelectual” que se refiere al reconocimiento de una obra creada por un autor, y el de “patente”, donde el Estado otorga durante un determinado tiempo un derecho exclusivo a un inventor para que su innovación no pueda ser explotada por terceros a menos que se pague determinada cuota. Por tal motivo tanto Bill Gates dueño de Microsoft y el recién fallecido Steve Jobs, fundador de Mac, no forman parte de la paternidad de Internet, sino del desarrollo de empresas tecnológicas-económicas de patente.

En una entrevista, Paul M. Romer, especialista en los cambios de la llamada nueva economía (e-econo -my), profesor en la Universidad de Stanford y candidato en alguna ocasión al Premio Nobel de Economía, reconoció que las patentes o el copyright son un freno a la innovación. Desde esta perspectiva coincide en parte con la teoría de Joseph Schumpeter que establece en su Teoría del Crecimiento Económico que el “espíritu emprendedor” es el motor de la innovación.

Según Romer, el Estado autoriza a una empresa el uso exclusivo de un producto, como sería un nuevo fármaco, pero dicha compañía en lugar de liberar el conocimiento se apropia del mismo, frenando nuevas investigaciones o mejoras y termina por convertirse en un monopolio económico dentro del sector de los medicamentos. Para Romer, el crecimiento económico del mundo actual se basa en el desarrollo del conocimiento, no en la apropiación del mismo.8

En la Sociedad de la Información los conceptos de libertad del usuario, Estado libre, neutralidad tecnológica y propiedad privada parecen no convivir de acuerdo a las reglas del juego que se pretenden establecer. Por un lado, los monopolios tecnológicos se apropian del conocimiento y por otro persiste la cultura hacker de especialistas, ingenieros y cibernautas que comparten información. En otro punto el Estado intenta regular la libertad de la red bajo intereses económicos y políticos, pero en contraparte la patente y el copyright son términos que no encajan con el movimiento floreciente de las nuevas tecnologías.

Ley SOPA y otros controles

Internet como pilar del cambio tecnológico, que en términos shumpeterianos generó “racimos” de microinventos, integra desde su nacimiento el valor de la libertad como uno de sus principios esenciales. Sin la libertad para compartir información y conocimiento entre los científicos que formaron parte de la construcción de la red, las nuevas tecnologías con las que convivimos cada día, tal vez serían diferentes o bien, no existirían.

Desde 1993, cuando fue liberado Internet para su uso social, algunos campos de poder, pero principalmente el político, ha intentado en varias ocasiones controlar la red bajo una gran cantidad de argumentos que atentan precisamente contra la libertad individual de comunicación y de conocimiento que permiten las innovaciones. Uno de los argumentos más empleados por los Estados capitalistas está relacionado con la seguridad y el temor que existe de que la red sea utilizada contra el propio Estado.

Una breve reseña de normas y leyes relacionadas con la seguridad del gobierno9 son la Patriot Act (Acta Patriota), Echelon (una red global de espionaje), Enfopol (sistema de vigilancia europeo), Oseminti (Infraestructura de inteligencia semántica) o CALEA (Communications Assistance for Law Enforcement Act), esta última puesta en operación el primero de enero de 1995 para obligar a las empresas de telecomunicaciones a participar con los órganos policiacos estadounidenses para interceptar todo tipo de mensajes enviados por la red.

Además del argumento de seguridad, existen otros elementos utilizados por los gobiernos para colocar límites a las actividades de Internet, algunos de los cuales son tipificados como delitos cuando la red se utiliza con fines criminales: tráfico de órganos humanos, venta de drogas, robo de identidad, pornografía infantil, fraudes cibernéticos, saqueos de cuentas bancarias, trata de blancas, daño a sistemas informáticos, propagación de virus y ataque a portales institucionales, entre otros.

A partir de que los cibernautas comenzaron a participar más en la creación, búsqueda y envío de todo tipo de contenidos, las relaciones de poder entre la sociedad civil y las esferas de poder tradicional parecen modificarse, tanto en los sistemas democráticos libres, como en los autoritarios. Tales cambios pueden medirse con mayor claridad a partir del desarrollo de la Web 2.0 y la posibilidad tecnológica que tiene el usuario de comunicar un mensaje a otra persona, a una comunidad o a la galaxia en línea.

La comunicación de la era de Internet está generando cambios en las formas de poder a partir de los grados de libertad que tienen los internautas. En palabras de Manuel Castells: “Es verdad que un medio, incluso un medio tan revolucionario como éste, no determina el contenido ni el efecto de sus mensajes. Pero tiene el potencial de hacer posible una diversidad ilimitada y la producción autónoma de la mayoría de los flujos de comunicación que construyen el significado en el imaginario colectivo. Sin embargo, no son organizaciones e instituciones influidas en gran medida por las estrategias empresariales de rentabilidad y expansión de mercados las que procesan y modelan (aunque no determinan) la revolución de las tecnologías de la comunicación y las nuevas culturas de comunicación autónoma”.10

La libertad de comunicación en la red permitió en la última década la construcción de cibermovimientos que van desde las protestas por correo electrónico hasta las manifestaciones callejeras, incluso las organizaciones

virtuales han derivado en la creación de grupos de especialistas (hacktivismo) que promueven actividades relacionadas con la libertad de contenidos como han sido los hacklabsxi o el hackerspacexii así como formas de contradominio como Anonymous (ver etcétera 132).

En medio de este panorama algunos gobiernos europeos como el italiano, de América Latina como ocurrió en Venezuela y Cuba, o en Asia como se registra en China, se crearon medidas para intentar controlar la información y los datos que circulan por Internet, principalmente aquella que tiene que ver con la participación social en las redes sociales y la que es distribuida a través de servidores de almacenamiento externo.

Así ocurrió en España con la llamada Ley SINDE (en honor al apellido de su promotora, la ministra de cultura Ángeles González-Sinde) que el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero impulsó en 2009 y 2010 con la finalidad de proteger la propiedad intelectual que circula en Internet. Dicha disposición legal daba la posibilidad al Ministerio de Cultura de cerrar páginas web que de acuerdo a los propios juzgados hayan violado derechos de propiedad intelectual, por ejemplo aquellas que distribuyan gratuitamente libros digitales sin permiso de la casa editorial.

Durante 2011 la posibilidad de comunicación determinó la participación social para el derrocamiento de gobiernos en Medio Oriente, como fue la caída de la dictadura en Túnez el 14 de enero, el derrumbe del imperio de Honsi Mubarak en Egipto el 11 de febrero o la muerte del presidente de Libia, Muamar el Gadafi el 20 de octubre. Las protestas se expandieron a Irán, Irak, Yemén y Siria.

En occidente durante mayo de 2011 las principales plazas de las ciudades de España fueron escenario de la movilización de miles de jóvenes que se hicieron llamar “Los indignados”. La indignación global alcanzó en el último año a gran cantidad de países con economías liberales como Inglaterra, Japón, Australia, Corea del Sur, Hong Kong, Argentina, Brasil, Alemania, Holanda, Nueva Zelanda, Italia, Finlandia, España, Hungría, Israel, Francia y Malasia, entre otros. Desde septiembre de 2011 el campo de batalla de los “indignados” se estableció en Estados Unidos, donde miles de manifestantes tomaron Wall Streetxiii contra el sistema económico bajo el lema de Twitter: #OWS. El 15 de octubre del mismo año las protestas alcanzaron a 650 ciudades en todo del mundo.

A finales del mismo mes, en Estados Unidos, el representante Lamar S. Smithxiv, del distrito de Texas, presentó ante el Congreso norteamericano el proyecto de Ley H.R.3261, bajo el nombre de Stop Online Piracy Act (SOPA), es decir, Acta de Cese de la Piratería Online. La propuesta da facultades al Departamento de Justicia para combatir lo que se considere “tráfico” online de contenidos protegidos, tanto por los derechos de autor como por la propiedad intelectual. Dentro de la gama de productos que no podrán ser distribuidos mediante esta Ley se encuentran libros, películas, música y todo tipo de datos copiados que no hayan sido comprados en el mercado formal, o bien que no se haya pagado el derecho para su consulta o uso.

La Ley SOPA da el derecho a las empresas o autores de todo tipo de contenidos para entablar demandas en contra de los cibernautas que difundan información protegida sin su consentimiento. Las acciones legales van desde la clausura del sitio de Internet, la restricción en buscadores a los sitios sancionados y la comparecencia de los proveedores de la red para que bloqueen el acceso a los portales que hayan cometido alguna falta.

Con la Ley SOPA, la descarga no autorizada vía Internet de 10 películas o igual número de canciones de algún artista perteneciente a las industrias culturales, le podrá costar al usuario cinco años de cárcel. La propuesta legislativa da inmunidad a todos aquellos proveedores de la red que colaboren con las autoridades policiacas norteamericanas para dar con el paradero de los presuntos responsables mediante el rastreo de su IP (etiqueta que identifica a la computadora conectada a la red).

Los días 16 de noviembre y 25 de diciembre de 2011, la Ley SOPA fue revisada por el comité Judicial del Congreso bajo el acuerdo que al regreso de las vacaciones invernales continuaría el debate para su aprobación. La iniciativa fue respaldada por organizaciones lucrativas como Motion Picture Association of America, Recording Industry Association of America, Macmillan US, Viacom, Nike, L’Oreal y Acushnet Company entre otras.

Los “Gigantes de Internet” rechazaron la Ley SOPA y anunciaron un “apagón” de sus servicios programado para el 23 de enero de 2012. Entre las empresas de Internet y los organismos que se manifestaron en contra de la norma se encuentran Google, Yahoo, YouTube, Twitter, Facebook, Linkdln, AOL, Mozilla, eBay, Reddit, Wikipedia, RSF, Electronic Frontier Foundation, ACLU, Roblox y Human Rights Watch. Fueron publicados desplegados en medios de comunicación tradicionales para condenar la norma.15 A las protestas en línea se sumaron portales de cibernautas16 e incluso grupos de indignados.

En un hecho inesperado el gobierno del presidente de Estados Unidos, Barack Obama, emitió un comunicado el 14 de enero de 2012 a través de la Casa Blanca donde manifestó que no apoyaría la Ley SOPA en tanto la norma atente contra las libertades de los cibernautas y de la propia tecnología. El comunicado indicaba que “Si bien creemos que la piratería de sitios de la red extranjeros es un problema grave que requiere una respuesta legislativa seria, no apoyaremos leyes que reduzcan la libertad de expresión, aumenten los riesgos para la seguridad en el área cibernética o socaven una red global dinámica e innovadora”.17

Ese mismo día el Congreso de Estados Unidos anunció que el proyecto de Ley del representante Lamar S. Smith fue “congelado”18 hasta que exista un consenso mayor sobre las posibles repercusiones que tendría la aprobación de la norma en la vida de los más de dos mil millones de cibernautas que existen en el planeta. Si bien la iniciativa fue detenida, el asunto no fue eliminado de la agenda legislativa.

Pero el 18 de enero, una semana antes de que llevara a cabo la discusión de la Ley SOPA así como de otra iniciativa que había sido propuesta desde mayo de 2011 conocida como Ley de Propiedad Intelectual (PIPA), más de 10 mil sitios de Internet llevaron a cabo el primer “apagón”, encabezados por Wikipedia e Internet Archive, quienes cerraron sus portales por un día entero. El seguimiento de las páginas autocensuradas se pudo realizar en el sitio www.sopastrike.com.

El caso de la Ley SOPA es un ejemplo del dominio que pretende hacer el poder político sobre los contenidos que comparten los cibernautas. Los argumentos de piratería por no pagar los derechos de autor al descargar un disco o ver una película en red, son equiparables a los argumentos de la lucha contra el terrorismo que en 2001 empleó el gobierno norteamericano para vigilar la vida privada del ciberespacio.

El intento de controlar parte de la distribución de los contenidos digitales por el Estado conlleva a una serie de conflictos dentro de las libertades que otorga la propia Sociedad de la Información que no han sido discutidos claramente por el sistema político a la hora de proponer diques a la red:

a. La nueva tecnología carece de neutralidad, pero su desarrollo requiere de compartir las ideas, la innovación y el espíritu emprendedor.

b. Las patentes y los derechos de autor tienden a frenar la nueva economía y van en contra del conocimiento abierto que engendró Internet.

c. La libertad en Internet representa tal vez la mayor categoría valorativa kantiana para las generaciones que nacieron con la red.

d. El cibernauta ejerce su libertad en la red por su pensamiento y este debe corresponder a su autocontrol.

e. La intervención del Estado como un agente regulador de la libertad en la red ante la carencia del autocontrol cumpliría una función paternalista y totalitaria.

f. La propiedad privada en la red parece desvanecerse: al carecer de centro físico la virtualidad escapa a la realidad materialista.

g. La coerción del Estado no debe ser contra la tecnología ni la libertad de comunicación del individuo.

h. La criminalidad en la red como tal debe tipificarse cuando esta se utiliza para delitos claramente definidos como la pornografía infantil o el robo de identidad.

Internet debe ser considerado patrimonio de la humanidad, de la Sociedad del Conocimiento. Las ideas que circulan en la Sociedad Red no son propiedad de magnates millonarios, ni de empresas mediáticas. Los contenidos que se comparten surgen de las mismas aspiraciones y concepciones ideológicas de los cibernautas, en su mayoría, sin fines de lucro y sin la intención de cometer algún crimen. El intento de imponer una Ley que sancione a los usuarios, borre información de las páginas de historia de la red y cierre portales por alojar archivos bibliográficos o videos de cantantes, es lo que Vint Cerf calificó acertadamente como “una carrera armamentista mundial sin precedentes en pos de la censura en Internet”19

Notas

1 Berlin, Isaiah (1967). Dos conceptos de la libertad. En Anthony Quinton. Filosofía Política. México. Fondo de Cultura Económica (FCE).

2 Kant, Immanuel. (2001). Crítica de la razón práctica. Madrid. Ediciones Mestas. P. 31-211

3 Knowles, Dudley (2001). Introducción a la filosofía política. México, Editorial Oceano. P. 81-82

4 Sigmund Freud escribió en 1917 Una dificultad del psicoanálisis donde critica el racionalismo de Kant y establece que existen en la historia humana tres ofensas al amor propio del hombre.

5 Marx, K., Engels, F. (1988). El Manifiesto Comunista. Barcelona. Editorial Crítica.

6 Do Artifacts Have Politics? (1983). En. MacKenzie et al. The Social Shaping of Technology, Philadelphia: Open University Press.

7 Postman, Neil (1993). Technopoly: the surrender of culture to technology. United Kingdom. Vintage Books.

8 La entrevista puede consultarse en el siguiente sitio: http://www. strategy-business.com/article/9472?gko=715e4

9 Celorio, Mariana (2011). México. Editorial Plaza y Valdés. P. 125-161

10 Castells, Manuel (2010). Comunicación y Poder. Madrid. Alianza Editorial. P. 108

11 El primer laboratorio se creó en 1998 en Italia. Para mayor información sobre este movimiento visitar el sitio http://www.hacklabs.org

12 Un espacio célebre en el hackerspace es http://www.thehack tory.org. En México el espacio más conocido es http://bitbang.mx.

13 Las actividades de los indignados de Wall Street puede consultarse

en el sitio: http://occupywallst.org/

14 Los argumentos del congresista a favor del control de la red se encuentran en el portal: http://lamarsmith.house.gov/

15 Desplegado pagado por los gigantes de la red y publicado en The New York Times el 15 de noviembre del año 2011: http://boingboing.net/2011/11/16/internet-giants-place-full-pag.html

16 Un ejemplo es el sitio www.avaaz.org/es/save_the_internet.

17 El comunicado completo puede consultarse en el portal de la Casa Blanca: http://www.whitehouse.gov/blog/2012/01/14/obama-administration-responds-we-people-petitions-sopa-andonline-piracy

18 Noticia tomada del diario El País el 14 de enero de 2012: http://www.elpais.com/articulo/tecnologia/Congreso/EE/UU/congela/ley/SOPA/

encontrar/consenso/elpeputec/20120114elpeputec_2/Tes

19 Texto escrito por el científico Vint Cerf (considerado uno de los padres de Internet) y publicado en el portal CNet (www.cnet. com) con motivo de la Ley SOPA.

Fuente: http://www.etcetera.com.mx/artaiculo.php?articulo=11289