El persistente atractivo de las divulgaciones de ‘Wikileaks’

por Daniel Álvaro Martínez
Resulta curioso que las dos primeras acepciones del vocablo enlatado —según el Diccionario de la Lengua Española— no aludan a comestibles de rápida preparación hogareña, sino a productos provenientes de los medios de comunicación. La adjetivación se aplica a un «programa audiovisual» que ha sido «grabado antes de su emisión» (primera acepción); o bien a un «material periodístico» que se considera «de archivo» (segunda acepción). En ambos casos, y a semejanza de lo que acontece con el preparado o conservación de alimentos, transcurre un cierto lapso entre elaboración y consumo.

La observación viene a cuento ante el sugestivo desconcierto que suele provocar en el público de masas el carácter estrictamente informativo de los cables de Wikileaks. No precisamente la divulgación de ciertas noticias en determinados medios, que presupone selección por partida doble; sino la peculiar modalidad de difundir narraciones desprovistas de ropaje interpretativo (sin perjuicio, claro está, de las interpretaciones inherentes a las propias narraciones). Acaso lo más novedoso del modus operandi de Wikileaks —en contraste con el de los mass media convencionales— sea precisamente esta característica de presentar hechos sin aderezos descriptivos, informaciones originales y no reportajes.

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